jueves, 5 de febrero de 2015

RETO

Acabo de leer algo que aplicare desde el dia de hoy.. lo comparto



  • Compra (o mejor, recicla) una botella de dos litros de refresco. Agua mineral para ahorrarte el azúcar y las calorías
  • Lávala
  •  Haz una ranura a la taparrosca o si no cabe, a la botella por la que quepa una moneda de $10
  •  Ponle nombre a la botella (Pérfida, Lunática, Severa, Monogamia, el que tu quieras)
  • A partir de ahora, TODAS Y CADA UNA DE LAS MONEDAS DE $10 que toquen tus manos deberán ser depositadas en la botella (¡Pérfida Furcia!) El reto es que no uses las monedas para nada salvo para alimentar a Pérfida.
Si necesitas monedas, para eso están las de a peso y cinco pesos. El reto es que no la abras hasta que no le quepa una moneda más. Ni un segundo antes. Cuando vayas por los 3/4 de la botella te darás cuenta de que:

1. Al final, no extrañas las monedas de $10. Poner algunas en la panza de Pérfida NO TE HA DOLIDO nadita.
2. Que los poquitos cuentan y ¡mucho! Cuando Pérfida esté como gordita de chicharrón descubrirás con alegría: 1. Tienes más de $5,000 (veremos si como me han dicho los que ya llenaron sus botellas, caben más de $10,000) sin que te hayan dolido, los hayas extrañado, hayas tenido que sacrificar otra cosa para tenerlos o te hayan costado trabajo juntar. 2. Que ya se te quedó el hábito de guardar las monedas.
3. Que es MUY divertido contar monedas como si fueras Rico McPato. 

Yo empiezo esta semana junto con quien se apunte. Iré mostrando los avances.

¿Se atreven a aceptar el reto?



El arbol de manzanas


 Este era un enorme árbol de manzanas al cual un niño amaba mucho. Todos los días jugaba a su alrededor, trepaba hasta el tope, comía sus frutos y tomaba la siesta bajo su sombra. El árbol también lo quería mucho.
Pasó el tiempo, el niño creció y no volvió a jugar alrededor del árbol. Un día regresó y escuchó que este le decía con cierta tristeza:
—¿Vienes a jugar conmigo?
Pero el muchacho contestó:
—Ya no soy el niño de antes que juega alrededor de los árboles. Ahora quiero tener juguetes, y necesito dinero para comprarlos.
—Lo siento —dijo el árbol—. No tengo dinero, pero te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas; así podrás comprar tus juguetes.
El muchacho tomó las manzanas, obtuvo el dinero y se sintió feliz. También el árbol fue feliz, pero el muchacho no volvió. Tiempo después, cuando regresó, el árbol le preguntó:
—¿Vienes a jugar conmigo?
—No tengo tiempo para jugar; debo trabajar para mi familia y necesito una casa para mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?
—Lo siento —repuso el árbol—. No tengo una casa, pero puedes cortar mis ramas y construir tu casa.
El hombre cortó todas las ramas del árbol, que se sintió feliz, y no volvió. Cierto día de un cálido verano, regresó. El árbol estaba encantado.
—¿Vienes a jugar conmigo? —le preguntó.
—Me siento triste, estoy volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar, ¿puedes dármelo?
El árbol contestó:
—Usa mi tronco para construir uno; así podrás navegar y serás feliz.
El hombre cortó el tronco, construyó su bote y se fue a navegar por un largo tiempo. Regresó después de muchos años y el árbol le dijo:
—Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte, ni siquiera manzanas.
El hombre replicó:
—No tengo dientes para morder ni fuerzas para escalar, ya estoy viejo.
Entonces el árbol, llorando, le dijo:
—Realmente no puedo darte nada. Lo único que me queda son mis raíces muertas.
Y el hombre contestó:
—No necesito mucho ahora, sólo un lugar para reposar. Estoy cansado después de tantos años...
—Bueno —dijo el árbol—, las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa.

El hombre se sentó junto al árbol y este, alegre y risueño, dejó caer algunas lágrimas.
Esta es la historia de cada uno de nosotros: el árbol son nuestros padres. De niños, los amamos y jugamos con ellos. Cuando crecemos los dejamos solos; regresamos a ellos cuando los necesitamos, o cuando estamos en problemas. No importa lo que sea, siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices. Usted puede pensar que el muchacho es cruel con el árbol, pero ¿no es así como tratamos a veces a nuestros padres.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Elefante..

 

Debemos ser como los elefantes …
Con pies grandes y
pesados para tenerlos bien fijos en la tierra y no elevarnos.
Con orejas grandes… Para aprender a oír y no actuar a ciegas.
Con boca chica… Para no andar parafraseando, ni hablando de más.
Con colmillo largo… Para saber actuar en momentos difíciles.
Tener piel áspera y dura… Para aguantar los embates de los demás.
Tener cola corta… Para que nadie, por más que quiera, pueda hablar de ti.
Tener su memoria… Para que nunca olvides quién realmente eres.
Y como el elefante, que cuando sabe que va a morir regresa a su lugar de origen, igualmente tú, cuando sientas que haz caído en lo más profundo, que no puedes salir y no encuentras ni un rayo de luz dentro del laberinto en que estás inmerso, que lo has perdido todo y no te queda nada, regresa a tu lugar de origen, regresa a tu naturaleza, regresa a ser tú nuevamente, porque tal vez, ¡por la falta de memoria olvidaste quién realmente eres!